sábado, 2 de octubre de 2010

MENSAJES A LUISA PICARETA - 1865-1947


La Sierva de Dios Luisa Piccarreta nació en Corato, provincia de Bari, el 23 de abril de 1865 y allí murió, con fama de santidad, el 4 de marzo de 1947.

Biografía de Luisa, la Santa, por el Padre Giussepe Bucci

Luisa Picarreta, la depositaria de una de las revelaciones más importantes que Dios ha realizado en estos tempos: el misterio de la Divina Voluntad.

Luisa pasó casi toda su vida en cama, sin haber sufrido jamás enfermedad alguna. Ella entraba en estados de "muerte" aparente todas las noches, que sólo podían ser interrumpidos cada mañana por medio de la bendición sacerdotal. Se puede decir que su vida fue una sucesión de milagros desde su infancia, tanto que en su propio pueblo, Corato en el sur de Italia, la llamaban Luisa la santa.

Los prodigios de Dios sobre Luisa fueron innumerables, tanto como que pasó la mayor parte de su vida sin ingerir alimento, viviendo sólo de la Eucaristía diaria, alimentada por su amor a Jesús Eucarístico. Pero todos estos milagros no son la sustancia de lo que Luisa debe significar para nosotros: Jesús nos revela a través de sus dictados a Luisa el misterio de cómo opera Su Divina Voluntad en los hombres. Jesús nos anuncia la pronta venida del Reino de la Divina Voluntad, en el que los hombres y la iglesia toda se unirán a la Voluntad de Dios, como fue en el Paraíso antes de la caída de Adán y Eva.

Dios vendrá a restablecer el orden, Su Orden, que no es más que la unión con Sus Criaturas (nosotros) en el infinito Amor que circunda y emana de Su Santo Querer, Su Divina Voluntad. En esta hermosa biografía de Luisa encontramos al Padre Bucci hablando de sus propias experiencias de niño con Luisa, ya que tuvo la inmensa gracia de haber tenido acceso a ella en forma directa y personal.


LUISA PICCARRETA
(Diario, Tercer Volumen)
[Primer capítulo]

El 1° de Noviembre de 1889: “Encontrándome en mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma, dentro de una iglesia, y había un Sacerdote que celebraba el Divino Sacrificio, y mientras celebraba lloraba amargamente y decía: ‘La columna de mi Iglesia no tiene donde apoyarse’. En el acto en que decía eso he visto una columna, cuya cima tocaba el cielo, y a los pies de esa columna había sacerdotes, obispos, cardenales y todas las demás dignidades que sostenían dicha columna, pero al mirar he visto, con sorpresa, que de esas personas uno era muy débil, otro medio corrompido, otro enfermo, otro lleno de lodo; sumamente escaso era el número de quienes estaban en condiciones de sostenerla. De manera que esa pobre columna, siendo tantos los golpes que recibía por debajo, vacilaba, sin poder estar firme. Sobre esa columna estaba el Santo Padre, que con cadenas de oro y con los rayos que irradiaba de toda su persona, hacía todo lo posible no sólo por sostenerla, tratando de encadenar e iluminar a las personas que vivían debajo (si bien alguna escapara para corromperse y enlodarse más fácilmente), sino por atar e iluminar al mundo entero.

Mientras veía eso, ese Sacerdote que celebraba la Misa (estoy en duda si era un sacerdote o más bien Nuestro Señor; parece que era Jesucristo, pero no tengo la seguridad) me ha llamado a su lado y me ha dicho: –“¡Hija mía, ya ves en qué estado lastimoso se halla la Iglesia! Esas mismas personas que debían sostenerla están fallando y con sus obras la derriban,

la golpean y llegan a degradarla. El único remedio es que haga derramar tanta sangre que se forme un baño, para poder lavar ese lodo corrompido y sanar sus llagas profundas, de modo que sanadas, reforzadas, embellecidas en esa sangre, puedan ser instrumentos capaces de mantenerla estable y firme”.

Luego ha añadido: “Yo te he llamado para decirte: ¿quieres tú ser víctima y ser así como un apoyo para sostener esta columna en tiempos tan incorregibles?”

Yo, al principio, me he sentido correr un estremecimiento por miedo a no tener la fuerza, pero luego enseguida me he ofrecido y he pronunciado el “Fiat”.

En ese momento me he hallado rodeada por tantos Santos, Angeles y almas purgantes, que con flagelos y otros instrumentos me atormentaban; y yo, aunque al principio sentía un temor, después, cuanto más sufría, más me venía el deseo de padecer y de saborear el padecer como un dulcísimo néctar. Y éso mucho más porque me ha venido un pensamiento:

¿Quién sabe si esas penas pudieran ser medios para consumir mi vida y así poder emprender el último vuelo hacia mi Sumo y único Bien? Pero con mi mayor pesadumbre, tras haber sufrido intensas penas, he visto que no me consumían la vida. ¡Oh Dios, qué pena, que esta pobre carne me impida unirme a mi Bien Eterno!

A CONTINUACIÓN HE VISTO LA SANGRIENTA MATANZA QUE SE HACÍA DE ESAS PERSONAS QUE ESTABAN BAJO LA COLUMNA. ¡Qué horrible catástrofe! ERA MUY REDUCIDO EL NÚMERO DE LOS QUE NO ERAN VÍCTIMAS! Llegaban a tanto atrevimiento, que INTENTABAN MATAR AL SANTO PADRE. Pero luego parecía que esa sangre derramada, esas ensangrentadas víctimas destrozadas, eran medios para fortalecer a los que quedaban, de modo que sostenían la columna, sin hacerla vacilar ya más. ¡Oh, qué días felices! DESPUÉS DE ESO SURGÍAN DÍAS DE TRIUNFO Y DE PAZ; PARECÍA RENOVADA LA FAZ DE LA TIERRA Y ESA COLUMNA ADQUIRÍA SU PRIMITIVO LUSTRO Y ESPLENDOR.

Oh días felices, DESDE LEJOS YO OS SALUDO, que tanta gloria daréis a mi Iglesia y tanto honor a ese Dios que es su Cabeza!”

Texto de la “versión diplomática” del “SECRETO DE FÁTIMA” Este documento fue publicado el 15 de Octubre de 1963 por el diario “Neues Europa” de Stuttgart, Alemania, con el título “El porvenir de la Humanidad”, firmado por el Sr. Ludwig Emrich. Fue considerado un resumen diplomático del secreto de Fátima y la autenticidad de su contenido nunca ha sido desmentida por el Vaticano. El documento, conocido por una indiscreción diplomática, habría

sido enviado como una información por las Autoridades vaticanas a los presidentes de los Estados Unidos, de la Unión Soviética y de Inglaterra, que entonces eran John F. Kennedy, Nikita S. Kruschev y McMillan. Según fuentes autorizadas, citadas en varios libros, el Vaticano hizo circular de alguna forma este documento para presionar en favor del acuerdo que se firmó en Moscú el 6 de Agosto de 1963, sobre el cese de las pruebas nucleares. De todas formas, por caminos desconocidos la noticia llegó a la prensa. Y repetimos que la Iglesia nunca ha desmentido el contenido de tal publicación. Este es el texto, al que hizo referencia Juan Pablo II en su primer viaje a Alemania (en Fulda), en Noviembre de 1980: “No tengas miedo, querida pequeña. Soy la Madre de Dios, que te habla y te pide que hagas conocer el presente Mensaje para el mundo entero. Haciendo eso hallarás fuertes resistencias. Escucha bien y pon atención a lo que te digo: Los hombres deben corregirse. Con humildes súplicas han de pedir perdón por los pecados cometidos y que podrían cometer. Tú deseas que yo te de un signo, para que cada uno acepte mis palabras, que por medio tuyo digo a todo el género humano. Has visto el Prodigio del Sol, y todos, creyentes, incrédulos, campesinos, ciudadanos, sabios, periodistas, seglares, sacerdotes, todos lo han visto. Y ahora proclama en mi nombre: Un gran castigo caerá sobre el entero género humano, no hoy, ni mañana, sino en la segunda mitad del Siglo XX (...) En ninguna parte del mundo hay ya orden y Satanás reina en los más altos puestos, determinando cómo van las cosas. De hecho llegará a introducirse hasta la cumbre de la Iglesia; logrará seducir a los espíritus de los grandes científicos que inventan las armas, con las que será posible destruir en pocos minutos gran parte de la humanidad. Tendrá en su poder a los potentes que gobiernan a los pueblos y los llevará a fabricar enormes cantidades de esas armas. Y si la humanidad no llega a oponerse, me veré obligada a dejar libre el brazo de mi Hijo.

Entonces Dios castigará a los hombres con mayor severidad que en el diluvio. Vendrá el tiempo de los tiempos y el fin de todos los finales, si la humanidad no se convierte; y si todo hubiera de quedar como ahora, o peor aún, si tuviera que agravarse aún más, los grandes y potentes perecerán junto con los pequeños y los débiles. También para la Iglesia llegará el tiempo de sus más grandes pruebas. Cardenales se opondrán a cardenales, obispos a obispos. Satanás marchará en medio de ellos y en Roma habrá cambios. Caerá lo que está podrido, y lo que caiga ya no se levantará. LA IGLESIA SERÁ ECLIPSADA Y EL MUNDO TRASTORNADO POR EL TERROR. Vendrá un tiempo en que ningún rey, emperador, cardenal u obispo esperará a Aquel que sin embargo vendrá, pero para castigar según lo establecido por mi Padre. UNA GRAN GUERRA EMPEZARÁ EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX.

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