sábado, 26 de abril de 2014

EL MILAGRO QUE BEATIFICÓ A JUAN XXIII


«Vi junto a mi cama al papa Juan, con hábito papal»... y Sor Caterina se curó milagrosamente
«Vi junto a mi cama al papa Juan, con hábito papal»... y Sor Caterina se curó milagrosamente
Sor Caterina Capitani enfermó en 1963, se curó milagrosamente en 1966, asistió a la beatificación de Juan XXIII en el 2000 y murió en 2010
Actualizado 26 abril 2014 

Rocío Lancho García / Zenit


Sor Adele, Hija de la Caridad, cuenta la historia "dolorosa y trágica" de Sor Caterina Capitani, la religiosa que recibió el milagro por intercesión de Juan XXIII en 1966 y permitió su beatificación en el año 2000.

En un encuentro con periodistas en vista a la canonización del Papa Bueno, esta religiosa ha recordado la historia.

"Una curación inexplicable": así lo definía Sor Adele. Ella prestaba servicio en el hospital pediátrico Lina Ravaschieri de Nápoles y junto con ella trabajaba desde 1963, Sor Caterina Capitani para "ser la mano, la sonrisa y la caricia de Dios hacia esos pequeños enfermos y hacer la hospitalización más confortable".

La religiosa cuenta como en marzo de 1964, sor Caterina fue golpeada por una fuerte hemorragia gástrica nocturna, episodios que se repitieron durante un año.



"Por miedo o privacidad luchaba por no revelar su enfermedad", pero sor Adela se vio obligada a contarlo a los superiores para evitar consecuencias peores, ya que se sospechaba de una tuberculosis pulmonar.

Y tras realizar varias pruebas médicas fue operada. La intervención quirúrgica duró 5 horas y se le quitó tres cuartos del estómagopor la gastritis hemorrágica.

"Durante la intervención todos llamaron al corazón de Jesús para despertar su compasión para la sanación de sor Caterina aún joven:¡tenía tan solo 23 años!", recuerda sor Adele.

Del mismo modo señala que estaban acostumbrados a rezar el rosario pidiendo por Juan XIII que había muerto poco antes, el 3 de junio de 1963. El postoperatorio fue duro y surgieron complicaciones pero la rapidez del equipo sanitario evitó la catástrofe.

De nuevo la situación se volvió delicada y finalmente decidieron llevar a Sor Caterina a Nápoles. "Sor Caterina estaba postrada por el sufrimiento, las esperanzas se habían perdido", recuerda su hermana de comunidad.



El 22 de mayo de 1966 regalaron a Sor Caterina una reliquia de Juan XXIII que apoyó sobre la herida. Y sor Adele cuenta lo que contó después Sor Caterina.

"Sentí una mano apoyada en el estómago en dirección a la fístula y una voz que me llamaba del lado izquierdo: ´Sor Caterina´. Asustada al escuchar la voz de un hombre, me giré y vi, de pie junto a mi cama al papa Juan, con el hábito papal, que no sé describir, porque me detuve a mirar su rostro, que era muy bonito y sonriente".

"Él me dijo: ´Sor Caterina me has rezado mucho y también muchas, muchas hermanas, pero especialmente una de ellas´ ["lamentablemente en mi humildad debo decir que esta ´una de ellas´ era yo", explica Adele en 2014]; "¡me habéis arrancado del corazón este milagro! Pero ahora todo ha terminado: ¡tú estás bien y ya no tienes nada!", dijo el difunto Papa Juan en la visión de Sor Caterina.

Después de esto, sor Caterina volvió a comer y tras los controles médicos todos estaban sorprendidos y los médicos no eran capaces de explicar la curación, recuerda sor Adela.

Hubo "prudencia religiosa" antes de hablar de milagro. Adela explica que "en las sanaciones prodigiosas el verdadero milagro es la resurrección del hombre, no tanto física como interior hacia la luz de la fe, se percibe la presencia de Dios creador que todo puede y todo dona".



Juan Pablo II da la comunión a Sor Caterina en la beatificación de Juan XXIII en el año 2000

Y este fue el milagro que permitió la beatificación de Juan XXIII el 3 de septiembre del año 2000. Sor Adela señala: "toda la vida de sor Caterina, tanto en la cama del dolor como en la consagración a Dios, ha sido una manifestación de la bondad divina" y añade que "el resto de su vida vivió una gran devoción por el papa Juan, "la ha difundido y transmitido a todas las Hijas de la Caridad y al pueblo de Dios", observa la religiosa.



Un Juan Pablo II ya anciano bendice a Sor Caterina

Para finalizar su testimonio, indica que "no sabemos desde qué rincón del paraíso hoy ella nos mira, donde subió el 3 de abril del 2010, dejando un testamento espiritual que manifiesta su abandono en Dios y en su voluntad. También hoy sor Caterina, con su encantadora sonrisa, vuelve a hablar a nuestros corazones: la suya es una voz del futuro, que viene del pasado y se hace presente. Nos enseña que el camino de la fe y del amor es impermeable, pero debemos recorrerlo con audacia, también a través de mares tempestuosos y volcanes en erupción, como ha hecho el beato papa Juan XXIII y como nos exhorta a hacer el papa Francisco en la Evangelii Gaudium".

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