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lunes, 11 de mayo de 2015

“España, tu Patria, volverá a Mí ASÍ.” - La Verdadera Devoción al Corazón de Jesús - dictados de Jesús a Marga.

Tomado del Libro: La Verdadera Devoción al Corazón de Jesús 
Dictados de Jesús a Marga
MargaLaVerdaderaDevoción

11-03-2004
[1]
Virgen:
Se han podido salvar muchas almas que estaban perdidas. Los momentos de agonía les han servido para purgar sus penas y arrepentirse. A algunas Yo les he venido a recoger personalmente.[2]
Otros, por ayudar al hermano,[3] purgan sus muchos momentos de pecado.
Y finalmente, algunos, se han condenado.[4]
Algunos, los más, necesitan de vuestras oraciones. Se encuentran a las puertas del Seol, sin haber caído en él.
Y muchos volverán a Dios.[5]

Jesús:
Jesús, no lo entiendo, te veo tan contento…
Hija mía, España, tu Patria, volverá a Mí.
¡Ah! ¡Dios mío! ¿Tiene que ser así?
Sí. Desoísteis todos mis Llamamientos.
Hija mía, España, tu Patria, volverá a Mí ASÍ.[6]

12-03-2004
Jesús:
Arrodíllate ante la Majestad de Dios. Glorifícalo. Alabad a Dios. Salmodiad para Él.Venerad a su Madre Santísima.
Sí, miraos a vosotros mismos como depositarios de un inmenso don para repartir a los demás. Miraos como cauce de mis Gracias para el mundo, para España.[7]
¡Oh, acordaos de Mí! ¡Acordaos de Mí! Hija, se acordarán de Mí. Impúlsales con tus oraciones y sacrificios a hacer la verdadera oración, la que lleva al cambio de vida. Empújales, con tus sacrificios a que hagan la verdadera confesión, la que brota del corazón.
Anima a mis ministros a que vayan a confesarlos. Anima los a que vayan a bendecirlos, a alentarlos. En su último aliento, que estén presentes. Reza, hija mía, para que haya un sacerdote allí donde cada persona tenga su último aliento. Que no les abandonen. ¡Que no abandonen a mis hijos! Que vayan, que vayan a la cabecera de su cama para ayudarles a morir. Les necesitan. Mira, han ido muchos a dar su sangre… ¿Cuántos han ido a ayudarles a morir? ¿Cuántos a enfocar este sufrimiento según Dios?
¿Tenemos que ir?
Sí. Id en la medida de vuestras posibilidades.
La gente, si encontrara un hermano que le tendiera la mano, se volvería a Dios. ¡Id!, ¡id!
Reza y ofrécete. Reza y ofrécete, hija mía, para ayudar a bien morir a tus hermanos. Otro tanto de almas, por ti, por los tuyos, verán a Dios.
Hija mía, ¿vienes? Deposita tu beso, junto con el mío, en la cabecera de su cama.[8]
He aquí el principal amor: el que da su vida por sus hermanos. He aquí misión grandiosa, misión gozosa.
He aquí sublime pacto: hacerse, por amor, un Cristo. Hacerse uno con Cristo, con su Eucaristía.
He aquí la principal caridad: rezar y sacrificarse por los pecadores. Para que puedan ver el Rostro de Cristo. Para que la Virgen Santísima pueda llevarles en volandas al Reino Nuevo.
Si el alma no está preparada, no envío a mi Virgen. He aquí la muerte gozosa: al terminar la agonía, encontrarse con María. Y que Ella te libre del Infierno, que se abría a tus pies. ¿Desearías, hija mía, que eso te pasara a ti? Deséalo también para tus hermanos. Reza, ora y sacrifícate para que María Santísima pueda venir a ellos y paliar sus sufrimientos. Reza, ora y sacrifícate para que descienda el número de los condenados.
Sí, te necesito.

13-03-2004
Jesús:
Sí, hija mía, id donde vuestros hermanos os necesiten. Ayer escuchabas una parte de la cuestión, conoce ahora el resto: Sabes que vuestros hermanos se reconocen por no pensar más que en sí mismos. No sed así vosotros: el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro servidor.
¡Oh, hija mía! ¡¿Qué les ha hecho el Corazón de Jesús?! Mirad, muchos me odian hoy día. Ayer escuchaba voces que clamaban a Mí. Hoy escucho terror. Atruenan mis oídos la voz de sus odios. De sus odios hacia Mí. Sus odios a Dios.
¿Dónde están esos samaritanos que les iban a ayudar a entender el sufrimiento? ¿Dónde están? ¿Dónde están?
Dónde estáis, oh cristianos, que os refugiáis en casa temiendo vuestros temores. ¡Salid a la calle y dad testimonio de Mí!
¿Sabes, hija? No me conocen, por eso me odian. ¡Oh, Dios mío!… y muchos no volverán a Mí.
No te derrumbes, hija, te necesito. Os necesito a todos. Necesitaría un ejército que diera testimonio de Mí. Sin mentir. Sin aspavientos. Con Amor y con Dolor. Con–sufriendo con ellos. Compadeciendo[9] en su sufrimiento.
Llegará Semana Santa… ¡qué buen momento para unirse con su Cristo! Hermosa Cuaresma si se ha sufrido Conmigo.
¡Invitadles a Resucitar Conmigo! No saben qué hacer. No sabéis qué hacer, hijos míos. Están confundidos. No encuentran respuesta. ¡Vosotros la tenéis! ¡¡Dádsela!!
Jamás nadie confió en el Señor y quedó defraudado.[10]
¡Oh! ¡qué momentos más duros, Jesús mío!
Sí lo son. Y más que os están por venir. Cuando a todos os cubra el mar del dolor. Y llegará por los tobillos, por la rodilla, hasta por el cuello y hasta, algunos, ahogarse en él.
No seáis esos vosotros. ¡Venid Conmigo! Encontradle un sentido a todo esto.
Habrá muchas aves de rapiña que se aprovecharán de sus hermanos en estos momentos de debilidad. Aprovechaos vosotros, pero para llevar la gente a Dios. Aprovechad para no ser esos buitres, sino esos Ángeles que les pondrán en contacto Conmigo.
«Yo no sé rezar», os decía ese niño ayer.[11] ¡Enseñadle! ¡Enseñadle!
Pretenderán buscar en el sentimentalismo la solución. ¡No está ahí! ¡No está ahí![12]
¡Oh!, al pueblo español, ¡no se os engaña! ¡No se os engaña![13] Sabéis que el bien está en los valores nobles, altos. Os viene de raza. Lo que ocurre es que lo habéis olvidado. ¡Recordádselo! ¡Recordádselo!
Poned lo mejor de vosotros mismos. Yo pondré es resto. ¡Enseñad al pueblo, a vuestro pueblo, los valores morales auténticos! ¡Gritad bien alto la Única y Verdadera Devoción!¡Conducid a la gente a la Eucaristía! ¡Propagad mi Devoción! Moved a las gentes, a la familia entera, a rezar un Rosario por la paz.
Sí, lo quiero. ¡Propagad mi Devoción!
Habladles, hijos, lo han olvidado de la Verdadera Devoción para los siglos. Habladles de la Eucaristía y de María. Salid a dar al mundo razón de vuestra esperanza.[14]
________________________
[1] Atentado en Madrid, Estación de Atocha. 125 muertos.
[2] Es que veía, en el momento del horror, cómo venía la Virgen y retiraba los hierros y se llevaba el alma de algunas personas. Esos hierros, en sus Manos, no son duros, es dulzura. Es dulzura para aquella alma ser recogida así por la Virgen. El alma sale del cuerpo a los brazos de María. La ve y sale corriendo. Es una tendencia presurosa de María al alma y del alma a María, asustada por la muerte repentina y violenta, pero aliviada y ansiosa de ir hacia Ella.
[3] Se refiere a heridos que ayudan a otros heridos graves. Posteriormente, en los periódicos salieron casos de personas que habían muerto por ir a auxiliarlos. Me fijé en un caso de un joven vividor, pero que cuando oyó la primera bomba, corrió a ayudar y la segunda explosión le pilló de lleno. Me acordé de este Mensaje de la Virgen.
[4] Qué horrible morir así, y encima condenarte.
[5] Qué manera más bonita de decir esta frase. En estos momentos hay mucha gente que da gracias a Dios porque se ha librado por los pelos. Y familiares de desaparecidos que claman a Dios y hacen promesas. Familiares de los muertos que no se desesperarán, sino que volverán a Dios.
[6] Después de este Mensaje me quedo más que impresionada.
[7] A propósito de los atentados.
[8] Jesús me fue llevando, en un segundo, por las camas de los hospitales. Sobre todo a donde estaban los moribundos a depositar nuestro beso arriba de su cama.
[9] Es interesante tener en cuenta la variedad de términos compuestos con la partícula con que Pablo emplea para significar esta unión mística del bautizado con Cristo: convivir (Rm 6,8; 2 Co 7,3), consufrir (Rm 8,17), ser con-crucificado (Rm 6,6; Gál 2,19), conmorir (Co 7,3), ser consepultado (Rm 6,4; Col 2,12), conresucitar (Col 2,12; 3,1; Ef 2,6), ser convivificado (Col 2,13; Ef 2,5), ser conglorificado (Rom 8,17), ser coheredero (Rm 8,17), conreinar (2 Tim 2,12).
[10] Cfr. Eclo 2,10.
[11] Era un joven, víctima del atentado, que fuimos a visitar en el hospital.
[12] Homenajes a víctimas. Gestos solidarios sentimentales.
[13] Sólo nos conformaremos con la Verdad. Mientras, estaremos muy mal.
[14] Cfr. I P 3,15.