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martes, 8 de marzo de 2011

No todo el mundo sabe aconsejar a un alma atribulada, aunque hayan buenas intenciones, porque no todo el mundo posee Mi don de consejo


Sí alma, sí, Yo acudo a las almas más necesitadas de luces y de paz, pero no siempre Me abren las puertas, porque las almas se guían ellas solas y así les va. Yo, Espíritu de Dios, os hablo.

Es necesario que Yo sea para las almas el Maestro interior que las guíe, las ilumine y las inspire para saber tomar decisiones acertadas. Ellas deben encomendarse a Mí y no oír la voz del enemigo mortal de las almas o su propia voz. Ellas deben prestar oídos interiores a lo que Yo les sugiero y pido, porque esa es Mi labor, guiar a las almas. Pero deben suprimir de su interior tanto lastre como tienen y hacerse sencillas y pequeñas para que reciban el alimento divino que Yo doy. Pero cuando el alma quiere solución rápida a sus problemas, cuando el alma pierde la paz en la prueba, entonces es que está mal guiada y nada tiene que ver con lo que Yo le inspiro. Yo, Espíritu de Dios, os hablo.

No todo el mundo sabe aconsejar a un alma atribulada, aunque hayan buenas intenciones, porque no todo el mundo posee Mi don de consejo. Las almas que viven en estrecha unión con Cristo suelen saber aconsejar, porque es Cristo quien obra en ellas, pero a veces, estas almas se subestiman y desmerecen porque no son doctas en el mundo, aunque sí lo son en las cosas de Dios. Yo, Espíritu de Dios, os hablo.

El alma que vive atribulada porque padece la prueba, debe intensificar su vida interior y no abandonarla. Deben añadir unos minutos más a su oración, añadir algún rezo a su plan de vida espiritual, porque así, sobre alimentando su espíritu con cosas celestiales, supera mejor la prueba y ésta no le hará sucumbir. Yo, Espíritu de Dios, os hablo. Paz a todo aquel que Me nombre y pida Mi asistencia. Paz a todo aquel que es fiel a Mis mociones. Yo Soy el Divino Huésped, que en el alma que Me recibe Me vuelco en darle toda clase de gracias. Yo, Espíritu de Dios, os hablo.

Quien recibe a Jesús a Mí Me recibe y recibe a la Santísima Trinidad porque los Tres somos Uno solo y, morando una Divina Persona en un alma, moran las Tres (Jn 14,23) Yo, Espíritu de Dios, os hablo y os bendigo.