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lunes, 27 de abril de 2015

“Mira al Dueño de la Casa expulsado de su Tabernáculo”

Tomado del Libro: La Verdadera Devoción al Corazón de Jesús 
Dictados de Jesús a Marga

MargaLaVerdaderaDevoción

19-06-2003
Jesús:
Si corrijo es para bien.[1]
Dile a la que enseña su cuerpo que el cuerpo no os es dado para lucimiento propio. El cuerpo es de Dios. El cuerpo, así como el alma, son de Dios, son Templos del Espíritu Santo, son habitación de la Santísima Trinidad, son parte del Hijo y del Espíritu Santo.
Si alguien se siente incomodado por la corrección, efectivamente, que lo deje. Porque si no está dispuesto a cambiar, mira que Yo no le quiero en mis filas. Quiero en mis filas a los que buscan la perfección y para ello se convierten de su antigua vida de pecado. Y quien no sea pecador y no necesite conversión, que se aleje de mi lado.[2] Que busque otros grupos de conversión con arreglo a sus conveniencias.
Que no es para una vida lisonjera y regalada para la que Yo os he llamado, sino para que, portando las Armas del Altísimo, os cubráis con la coraza de Gloria para defender vuestro cuerpo del ataque del Enemigo.
No os acomodéis a este mundo,[3] que es una figura que pasa. Buscad las cosas de allá arriba.[4] Tended hacia lo alto. Todo lo que os lleve a lo bajo, dejadlo.
Los cristianos, los «míos», no son de este mundo aunque estén en el mundo. Distinguí os también por vuestro aspecto físico. Que nadie pueda confundiros. Que hablen mal de vosotros, sí, que hablen mal, y me alegraré de ello, porque si os persiguen y os calumnian por mi causa, seréis bienaventurados.[5]
¿Puede una mujer ser del mundo y ser de Cristo? ¡No! Y quien tenga oídos para oír, que oiga.
¿Puede una mujer acomodarse a las modas y a los sin–vestidos indecentes? ¡No! No, si quiere ser de Cristo. Y si no está dispuesta a abandonar ciertas cosas, que abandone mis filas. Porque no quiero a nadie que se venda por dos monedas.
¿Puede una mujer pensar y sentir como el mundo siendo no del mundo? ¡No! Y quien tenga oídos para oír, que oiga.
Jesús, pareces muy duro.
Y no lo soy, hija, no lo soy, tú lo sabes. Esa «dureza» es la corrección que Yo empleo con mis elegidos. Y si no quieren de esa corrección, que no se llamen «los míos», que no sean de los elegidos. Pero que sean ellos mismos quienes abandonen las filas. No les voy a decir más.

14-07-2003
Jesús:
¡Oh, Marga, Marga! Te amo. El Amor me lleva a hacer y decir locuras por mi criatura.
¡Oh, me gustaría corresponderte y amarte yo en igual medida!
Tan sólo desea lo. Y será realidad. Desea lo ardientemente, con un deseo muy puro de tu corazón.
 (Me hacía llorar su Amor por mí, fuera de lo razonable) Deseo amarte igual, Jesús. Concédeme desearlo puramente. Concédeme tu Amor, tu manera de amarme para poder amarte yo igualmente. Sí Tú quieres y Tú lo dices, será así.
Necesito tu vida más sacrificada y mortificada. No pienses que sólo es mortificación la penitencia externa. También mortificarte en superar tu carácter y tus defectos. Aunque esa también la quiero: Ayuno. Cilicio. Mortificación en las comidas. Prontitud al levantarte. Dinamismo, no pereza para lo mío y lo de los demás.

22-06-2003
(Corpus)
Jesús: (Desde la Custodia en un Altar)
¡Magdalena!, ¡María!: Derrama tu aceite oloroso, derrama tu aceite y tu perfume a mis pies,[6] porque mira al Dueño de la Casa expulsado de su Tabernáculo y que en su lugar levantan un templo al Impío. Derrama tú tus perfumes y tus aceites a mis pies, y consuela me de las ingratitudes de tantos y tantos pecadores.Especialmente de los que se acercarán hoy a comulgar y lo harán en estado de pecado, comiendo su propia condenación.[7] De los que hoy me seguirán en procesión, pero su corazón está lejos de Mí, siguen su propia condenación.
Corpus Christi, Corpus Christi: el Cuerpo de Cristo. ¿Cuántos se acordarán de Mí? De honrarme y venerar me, de adorarme, ¿cuántos?
Caridad fraterna, «Día de la Caridad fraterna». Diles, niña, que esto es imposible si no se acuerdan de Mí, de la Caridad filial hacia Mí. Hoy tampoco se acordarán de ellos,[8] puesto que no se acuerdan de Mí.
Empezad por lo primero (Yo), para poder llegar a lo segundo (ellos). ¿Cómo acordarse del hermano si no se acuerda uno de Dios?
Honrad me, amadme, venerad me. Adorad me.
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[1] Cfr. Ap 3,19; Hb 12,5-11.
[2] Cfr. Mt 9,13.
[3] Cfr. Rm 12,2.
[4] Cfr. Col 3,1.
[5] Cfr. Mt 5,11; Lc 5,11; I P 4,14.
[6] Cfr. Lc 7,38; Jn 12,1-3; Mt 26,7; Mc 14,3.
[7] Cfr. I Co 11,27-29.
[8] Enfermos, pobres, etc…