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sábado, 31 de julio de 2010

Los verdaderos hijos de Dios serán probados en los últimos tiempos como oro en el crisol



Los hijos de Dios, los verdaderos hijos de Dios serán probados en los últimos tiempos como oro en el crisol. Yo, Jesús, os hablo.


Hijos Míos, cada cual en particular deberá librar la batalla personal que el Cielo le tiene preparada, porque esa prueba que cada cual pase, será un escalón valiosísimo para ganar la Vida Eterna, que cuando el alma no vea, ni entienda, ni sepa como actuar y este cometido se lo deje al Cielo, su fe habrá sido probada como oro en el crisol y se habrá quedado reafirmada para siempre. Yo, Jesús, os hablo.


Se hijos Míos, que padecéis pruebas muchos de vosotros dolorosísimas, pero esas pruebas, os ayudaran a entrar en la eternidad, porque son puertas que os abren de par en par la entrada en el Cielo, y el amor que Me profesáis quedará para siempre asentado al superar la prueba, pues tenéis que creer que Yo os amo igual en la oscuridad, en la impotencia, en lo que no entendéis, que cuando os doy deleites espirituales y sentís por Mí ese ardiente amor que os hace desear hasta la muerte por Mi amor. Yo, Jesús, os hablo.


Yo pruebo a Mis amigos, a los que de verdad Me aman y espero de ellos su confianza al cien por cien, pues deseo que ellos sean en la gloria celestial, luceros que probaron aquí en la tierra las hieles de las amarguras y la desolación. Pruebo lo mismo al sacerdote que al seglar, al joven que al anciano, al hombre que a la mujer, pruebo en el alma al que Me ama de todo corazón, para que su amor y fe, se afiancen de tal forma que nunca más titubeen. Yo, Jesús, os hablo.


Son mártires terrenales los que padecen tribulación, y se sienten acotados por sus limitaciones e impotencias, pero que son almas que en su tribulación, aceptándolas sin exasperarse, salvan y fortalecen a otras almas que están muy debilitadas en la fe, a punto de perderla. Yo, Jesús, os hablo. Pero hijos, Yo fui también probado y pedí a Mi Padre que pasara de Mí el cáliz y ved que Mi Padre Me lo hizo beber hasta el final. Vosotros hijos, bebedlo también y sabed que os entiendo y que sufro vuestra situación aunque parezca que no os hago caso. Yo, Jesús, os hablo.


Mi Santa Madre no aparta Su mirada de vosotros, porque al igual que (hizo) Conmigo, está a vuestro lado en la tribulación. Yo, Jesús, os hablo. Mi paz y la de Mi Madre estén con todos vosotros.